
Pocas veces existe el placer de ver una película bélica donde no existan héroes, donde cada personaje sea más humano que el anterior. Pero menos veces existe el placer de leer un libro en el cual las sensaciones creadas en ti por las imágenes terminen siendo pocas.
Para aclarar yo vi primero la película dirigida por Terrence Malick, sencillamente genial, una obra maestra del cine. Pero hay cosas que superan las obras maestras y en este caso fue la obra que dio origen a la película, el libro escrito por James Jones (1921-1977) en 1962, autor de otros libros que tratan el tema bélico como De Aquí a la Eternidad y Silbido, este ex combatiente de la II GM nos muestra de forma cruel, directa y fría la realidad de las batallas, dejan de existir los números, las victorias y las derrotas. Comenzamos a sentir los personajes, su humanidad, miedos, deseos y frustraciones. Todos arrastrados por la necesidad de conquista y batalla de las sociedades.
En este libro uno puede escuchar el sonido de las balas y las explosiones, mientras lo lees puedes oler la sangre, ver la desesperación de los combatientes mientras van cayendo desplomados por el acero que les quita sus poco apreciadas vidas (salvo para ellos mismos o como piezas de un gran juego de estrategia dirigido por las autoridades de sus respectivos países). Acá no existen buenos o malos, solo existen humanos cada vez más deshumanizados.
James Jones te logra estremecer bajo su pluma, simplemente un libro excelente, más que recomendable.
"Cada Hombre Libra Su Propia Guerra"
Testimonio de Boris Navia, estuvo preso junto a Víctor Jara:
-¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACÁ!- Gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la UTE ingresábamos prisioneros con las manos en la nuca y a punta de bayonetas y culatazos al Estadio Chile la tarde del Miércoles 12 de Septiembre de 1973. Era el día siguiente del Golpe fascista. El día antes, el 11, Víctor debía cantar en el Acto que se realizaría en la UTE, donde nuestro Rector Enrique Kirberg recibiría al Presidente Allende, quien anunciaría el llamado a Plebiscito al pueblo de Chile... Sin embargo, la voz de Allende fue apagada en la Moneda en llamas y la guitarra de Víctor quedaría allí, destrozada por la bota militar en el bombardeo de la UTE, como testimonio más de la barbarie fascista.
-¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACÁ!- Repitió iracundo el oficial… Casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola y corvo al cinto, balanceando su cuerpo tensado y prepotente sobre sus botas negras.
-¡A ESE HUEVON!. ¡A ESE!!. El soldado lo empuja sacándolo de la fila.
-¡NO ME LO TRATEN COMO SEÑORITA, CARAJO! Ante la orden, el soldado levanta su fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor. Víctor cae de bruces, casi a los pies del oficial.
-¡CHE' TU MADRE!. VOS SOY EL VICTOR JARA HUEVON. EL CANTOR MARXISTA, ¡EL CANTOR DE PURA MIERDA!. Y, entonces, su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con sus manos, -ese rostro que cada vez que lo levanta esboza esa sonrisa, que nunca lo abandonó hasta su muerte-. Esa misma sonrisa grande con que cantó desde siempre al amor y a la revolución.
-YO TE ENSEÑARÉ HIJO DE PUTA A CANTAR CANCIONES CHILENAS, ¡NO COMUNISTAS!... El golpe de una bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás... el oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. La bota maldita se incrusta en la carne del cantor. Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror. Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda su pistola y pensamos con pavor que la descerrajará sobre Víctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez. Grita e increpa. Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos... Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedaría grabada para siempre en nuestras retinas...
El oficial se cansa y de pronto detiene sus golpes. Mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que en una larga hilera lo observan con espanto y con ira. Entonces, se descompone y vocifera.
-¡¿QUE PASA HUEVONES?!. ¡QUE AVANCEN ESTAS MIERDAS!!. Y A ESTE CABRON- se dirige a un soldado, -ME LO PONES EN ESE PASILLO Y AL MENOR MOVIMIENTO, LO MATAS, ¡LO MATAS!, ¿ENTENDISTES, CARAJO?!-
El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos. Primero, 2 mil, luego seríamos más de 5.000. Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecho jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en todas partes, una bestialidad jamás vista. Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar a esta “escoria humana” a la “cloaca marxista”, como lo espetan. -Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas de Víctor y la respuesta es que, sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego- y, además, el ESTADIO CHILE era un
MULTIESCENARIO DEL HORROR, de la bestialidad más despiadada.
Allí arriba un oficial le cortaba la oreja con su corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Allá, un niño de unos 12 años, de repente se levanta de su asiento y llamando a su padre corre enloquecido entre los prisioneros y un soldado le descargaba su ametralladora. De pronto un soldado tropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar uno de los oficiales a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían, le ordena que le golpee y el soldado toma el fusil por su cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador, que se desangra hasta morir. Un grito de espanto nos sobrecoge. Desde lo alto de la gradería, un trabajador enloquecido se lanza al vacío al grito de ¡VIVA ALLENDE! y su cuerpo estalla en sangre en la cancha del estadio. Enceguecidos por los reflectores y bajo los cañones de las ametralladoras llamadas “las sierras de Hitler” siguen llegando nuevos prisioneros.
VÍCTOR, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento, con prohibición de moverse. Desde ese lugar, contempla el horror del fascismo. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, con su PLEGARIA DE UN LABRADOR:
Levántate
Y mírate las manos
Para crecer, estréchala a tu hermano
Junto iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Juntos iremos unidos en la sangre
Ahora y en la hora de nuestra muerte, amén.
(fragmento)
Allí es obligado a permanecer la noche del Miércoles 12 y parte del Jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Víctor tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por el Oficial superior y por “el Príncipe” ante las delegaciones de oficiales de las otras ramas castrenses y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.
La tarde del Jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los buses muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.
Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le cortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribimos con su nombre completo: VICTOR LIDIO JARA MARTINEZ. Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al “Nacional”, y escapábamos de la bestialidad fascista del “Chile”, podríamos, tal vez, salvar su vida.
Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero más tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor toma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra de Lonquén así aprendí a comer los huevos”. Y duerme con nosotros la noche del Jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos que haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en Dictadura y su rostro se ensombrece previendo, quizás, la muerte. Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas y del Presidente Allende, muerto en la Moneda, de su amado pueblo, de su partido, de nuestro Rector y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella fría noche de Septiembre.
El Viernes 14 estamos listos para partir al Nacional. Los fascistas parecen haberse olvidado de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. Y las bayonetas clavándonos. En el último minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.
Y llegamos al fatídico SÁBADO 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Cerca del medio día tenemos noticias que saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. Frenéticos empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector alto del Estadio, donde se ubica un palco, gradería norte. El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de la Marina. Y desde lejos vemos como uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos.
Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez, sobre sus hermanos, su pueblo mancillado.
Aquella noche, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Treinta o cuarenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litre Quiroga, Director de Gendarmería del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte y el pecho perforado a balazos de nuestro querido VÍCTOR JARA. 42 balas. La brutalidad fascista había concluído su criminal faena. Era la noche del sábado 15 de Septiembre. Al día siguiente su cadáver ensangrentado, junto a otros, sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.
Esa noche, entre golpes y culatazos ingresamos prisioneros al Estadio Nacional. Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto y tu voz, amado Víctor, Víctor del Pueblo:
Yo no canto por cantar
Ni por tener buena voz
Canto porque la guitarra
Tiene sentido y razón.
Que no es guitarra de ricos
Ni cosa que se parezca
Mi canto es de los andamios
Para alcanzar las estrellas.
Te recuerdo Amanda
la calle mojada
donde trabajaba Manuel
Manuel
(fragmentos)
Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que el mismo tituló “ESTADIO CHILE”, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas. Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondimos las dos hojas del poema. Antes, yo hice dos copias de él, y junto al ex Senador Ernesto Araneda, también preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que saldrían en libertad.
Sin embargo, el joven es chequeado por los militares en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor. Lo regresan y bajo tortura obtienen el origen del poema. Llegan a mí y me llevan al Velódromo, transformado en recinto de torturas e interrogatorio.
Me entregan a la FACH y tan pronto me arrojan de un culatazo a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. -¡ESE ZAPATO, CABRÓN!- Grita furibundo. Su brutalidad se me viene encima. Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas, patadas, culatazos y la corriente horadando las entrañas, torturas destinadas a saber si existían más copias del poema.
Y ¿por qué a los fascistas les interesaba el poema?
Porque a cinco días del golpe fascista en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba su voz levantando las figuras y los nombres señeros de SALVADOR ALLENDE y VÍCTOR JARA. Y en consecuencia, sus versos de denuncia, escritos antes del asesinato, había que sepultarlos.
Pero, quedaba otra copia con los versos de Víctor, que esa noche debía salir del estadio. Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. De la sangre. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones en mi cuerpo, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo. Y, con orgullo debo decir que los torturadores no lograron lo que querían. Y una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad y aquí están los versos de Víctor, de su último poema:
“ESTADIO CHILE”
Somos cinco mil
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país?
¡Cuanta humanidad
hambre, frío, pánico,
dolor, presión moral, terror y locura!.
Somos diez mil manos menos que no producen
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
CANTO QUE MAL ME SALES
CUANDO TENGO QUE CANTAR ESPANTO
ESPANTO COMO EL QUE VIVO
COMO EL QUE MUERO, ESPANTO.
(fragmento)
Estos versos recorrieron todo el planeta. Y las canciones de Víctor, de amor y rebeldía, de denuncia y compromiso, siguen conquistando a los jóvenes de todos los rincones de la tierra. El oficial fascista que ordenó acribillarlo debió quedar contento con su crimen, pensando que había silenciado la voz del cantor, sin saber que hay poetas y cantores como VÍCTOR JARA, que no mueren, que mueren para vivir, y que su voz y su canto seguirán vivos para siempre en el corazón de los pueblos.
Este es su testimonio y a ustedes se lo entrego queridos compañeros.
Testimonio de Boris Navia, estuvo preso junto a Víctor Jara (Septiembre 1973)
VíCTOR VIVE EN EL CORAZON DE SU PUEBLO...
Siga el camino del arcoiris y encontrará el tesoro.
Conocí a Isabel hace algunos años, una joven atractiva, estudiante de medicina de la Universidad de C. Cuando nos conocimos tenía solo 21 años y me cautivó, yo ya había cruzado la barrera de los 40 y a pesar de eso no pude evitar pensar de forma un tanto indecente considerando nuestra gran diferencia de edad. Con el paso del tiempo vi lo imposible que sería esto porque para ella yo era casi un padre y en parte su mentor, lo último en realidad fue lo opuesto, porque finalmente yo aprendí más de ella que todo lo que le pude enseñar con mis libros.
Nos conocimos en una charla de hechos paranormales. A pesar de no haber vivido alguna experiencia en forma cercana siempre me he sentido obsesionado y atraído por estas. De pequeño comencé a leer a maestros del terror como Lovecraft y Poe y otros tantos escritores de este género. Recuerdo que cuando era muy pequeño mi hermano mayor, quien falleció hace algunos años, me leía algunos versos de los poetas malditos.
Isabel había asistido porque lograba desdoblar su alma de su cuerpo, por esto quería aprender más sobre su habilidad. Llevaba un año aproximadamente haciéndo esto e investigando a través de la limitada información que le brindaban las bibliotecas públicas e internet, pero todos los datos eran vagos salvo algunos escritos que hacían resúmenes de entrevistas a quienes realizaban viajes astrales. Uno de estos escritos fue hecho por Monroe basado en sus propias experiencias, el cual tenía en mi biblioteca personal, ese fue el motivo por el que Isabel decidió acercarse a mí.
Desde el comienzo se mostró interesada por todo lo que podía aprender de los conocimientos que he adquirido a lo largo de los años como filólogo. Desde hace casi una década que me siento orgulloso de la biblioteca que tengo, fruto de esfuerzos y gastos que muchas veces me dejaron casi en la quiebra económica, pero gracias a la fortuna familiar que recibí y de algunas buenas inversiones en la bolsa he logrado salir adelante y cumplir mis objetivos.
Por esto me hacía sentir importante que una bella joven como ella, con un futuro bastante prometedor se mostrara interesa en compartir su tiempo y además escuchar tan atenta a todo lo que le podía enseñar.
Ahora me arrepiento de gran parte de aquello, aunque era imposible que supiera al menos con certeza los riesgos que habían en todo y lo que le pasaría a Isabel.
Pasábamos horas estudiando viejos manuscritos tratando de obtener más conocimientos. Pero lo que realmente me encantaba era escuchar sus experiencias sobre las huídas por parte de su alma de su joven cuerpo y los lugares que recorría durante sus experiencias. De esta forma ella obtuvo otros conocimientos y en ocasiones incluso pequeños objetos que traía de los más diversos lugares. Al despertar los tenía aferrados en sus manos o su cuerpo mostraba las pruebas de esto, granos de arena entre sus dedos, su cabello mojado con agua salada, pequeñas plantas bastante exóticas, entre tantas otras. Estos objetos los guardaba en mi estudio ya que no tenía la confianza suficiente con sus padres para contarles todo esto o para mantener sus tesoros en su hogar.
Por mi parte yo guardaba todo y escribía sus relatos. Este tesoro, así como los manuscritos están escondidos en otro lugar y no daré a conocer estas experiencias ya que muchas personas podrían sentirse atraídas por esto, y no estoy dispuesto a cargar con más peso en mi vieja y atormentada alma.
Dentro de nuestros estudios sobre los viajes astrales había un vacío en todos los relatos, este punto era el de aquellos seres que se encuentran a nuestro alrededor y quieren robar los cuerpos de aquellos que separan su alma de ellos. Estos extraños seres se encuentran en un dimensión paralela a la nuestra y son el mayor peligro al que se enfrentan aquellos que realizan los viajes, son quienes pueden cortar el nexo que une el cuerpo físico con el alma mientras ésta vaga por otros lugares.
Nunca había logrado comprender el por qué este miedo que es tan real para los viajeros astrales no hubiese sido documentado de forma concreta en alguna entrevista o escrito a lo largo de todos los años, ahora lo comprendo y lamento este conocimiento.
Antes de Isabel no hubo y espero que no vuelva a haber una persona capaz de controlar de forma tan efectiva el movimiento de su propia alma y cruzar la última barrera. En términos simples quiere decir que estos seres nunca han podido cortar el nexo cuerpo-alma porque se encuentran más allá de la dimensión alcanzada por los viajeros, pero estos los pueden sentir en sus viajes porque se encuentran más cerca de esta dimensión que nosotros. Isabel cometió un gran error, que fue cruzar esta barrera, aunque gracias a esto ella podía traer objetos materiales con su alma.
Un día, el cual nunca podré olvidar, estaba realizando uno de sus viajes en mi estudio cuando su cuerpo se comenzó a convulsionar. Como comprenderán me asusté ya que sus viajes siempre fueron tranquilos, pero gracias a los conocimientos que tenía sobre la materia logré calmarla y al cabo de unos segundos despertó. Lloraba y su cuerpo no dejaba de temblar, me abrazó y siguió llorando acurrucada a mi lado hasta que volvió a dormirse, esta vez en un sueño normal.
Cuando despertó nuevamente me contó entre sollozos lo que había ocurrido. En el momento en que cruzó la línea en que su alma comenzaba a ser física se encontró con uno de estos entes, al describírmelo no pude menos que sentir un terror realmente indescriptible. Sabía que no mentía y por lo mismo no podía creer que aquella niña que se veía tan frágil hubiese logrado luchar contra aquel demonio y volver. De haber sido yo no hubiese sobrevivido a aquello, tan solo me contó esto y cada vez que lo recuerdo temo por lo que podría pasar si lograran cruzar las dimensiones y llegar a nuestro débil y joven mundo. Gracias a Dios sé que no pueden cruzar las dimensiones, al menos no sin ayuda y no más de uno a la vez, lo cual ya es bastante malo.
Logré que Isabel me prometiera no continuar con los viajes, nuestros experimentos habían llegado muy lejos y debíamos detenernos, ya sabíamos más de lo que muchos siquiera sospechaban. A pesar del sufrimiento de Isabel, pensé de forma egoísta en los documentos que había escrito sobre estas experiencias y por sobre todo la última de ellas, yo podía documentar el encuentro con uno de estos demoníacos seres, cosa que hasta el momento no se ha logrado y espero que no suceda.
Pasó el tiempo y las visitas de Isabel fueron disminuyendo, debido a las transcripciones que realizaba de todo esto no me preocupé de este detalle y asumí que solo eran efectos del terror sufrido. Cuando venía andaba cabizbaja, ya solo nos acompañábamos, nuestras charlas casi no existían.
Llegó el día en que realmente noté por lo que estaba atravesando y lo frágil que era, a pesar de haber ganado con su alma la batalla contra uno de estos seres seguía siendo solo una niña, apenas había cumplido 22 años, menos de la mitad de vida y ya tenía un recuerdo que la torturaría durante el resto de su vida, algo macabro y tenebroso. La cobijé y nuevamente le hice prometer que no volvería a realizar un viaje, me miró a los ojos y lo prometió, luego se acercó y se dejó caer sobre mi abrazándome. Sentí la forma de sus pechos que se dibujaban bajo su blusa y volví a mirarla de forma egoísta, una excitación recorría mi entrepiernas, tomé su rostro con mi mano y lo levanté, sus ojos estaban húmedos y rojos. La besé sin pensarlo, ella devolvió aquel beso. No fui capaz de tocarla a pesar de mi excesivo deseo, me sentía sucio ya que realizaba algo perverso, la quería y me gustaba, la deseaba con todo mi corazón, pero mi razón y mi amor eran por sobre todo mucho mayores, de la misma forma en que yo me había convertido en un padre, ella para mí era casi mi hija.
Así que frené aquella situación a pesar de mi casi adolescente deseo, me miró sorprendida, traté de explicarle por qué había hecho esto pero no me comprendió, sentía su orgullo de mujer herido, sentía que la había rechazado. Después de esto se fue, con una fría despedida.
Pasaron los días y luego las semanas sin saber algo sobre ella, no respondía su celular y en su casa me indicaban que no estaba o que se sentía mal por lo que no quería hablar con nadie, ni siquiera conmigo. Me sentí pésimo, pero no podía hacer más, por lo que comencé a rondar su casa tratando que no me vieran, la luz de su habitación permanecía prendida pero al llamar negaban que estuviera, comprendí que no quería verme. Me marché con el corazón roto y sin señales de mi amada Isabel.
Durante muchos meses la busqué entre las multitudes, fui a su universidad y ya no estaba, comencé a asistir a charlas sin prestarles verdadera atención, solo la buscaba a ella y ella no aparecía, había abandonado aquello que nos unía.
Aproximadamente un año después del último viaje que realizó junto a mí la volví a encontrar, realmente era ella, mi corazón latía muy rápido y me volví a sentir feliz luego de mucho tiempo. Me acerqué a ella y la llamé por su nombre, no pareció que me oyera por lo que me acerqué y toqué su hombro, se volteó y vi sus ojos. En aquel instante supe la verdad, por algún motivo Isabel no cumplió su promesa, volvió a realizar uno de sus viajes y esta vez había perdido la batalla. El brillo de aquellos ojos tenía algo diabólico, no era ella, su alma no se encontraba en ese cuerpo que tantas veces había deseado. Isabel, más bien su cuerpo sonrió, una sonrisa sardónica que me produjo un horror como nunca había sentido antes. Luego se volteó nuevamente sin decir palabra alguna y se alejó.
Ahora paso cada instante de mi vida recordando los momentos en que estuvimos juntos, pienso en su infortunada alma que debe recorrer quizás cuántas dimensiones sin poder volver a su cuerpo, y pienso en aquel ser que está en el cuerpo de Isabel. Recuerdo la descripción que me dio de él y temo, temo por mí que sé la verdad y temo por la humanidad que no sabe que hay un demonio caminando entre ellos, capaz de quizás qué cosa.
A veces, cuando duermo creo sentirla, siento que está cerca de mí y que se recuesta a mi lado. Algún día quizás nos volvamos a encontrar, quizás en ese momento sepa por qué no cumplió su promesa.
Conocí a Isabel hace algunos años, era una joven atractiva, estudiante de medicina de la Universidad de C. Cuando nos conocimos tenía solo 21 años y me cautivó, yo ya había cruzado la barrera de los 40 y a pesar de eso no pude evitar pensar de forma un tanto indecente considerando nuestra gran diferencia de edad. Con el paso del tiempo vi lo imposible que sería esto porque para ella yo era casi un padre y en parte su mentor, lo último en realidad fue lo opuesto, porque finalmente yo aprendí más de ella que todo lo que le pude enseñar con mis libros.
Nos conocimos en una charla de hechos paranormales. A pesar de no haber vivido nunca ninguna experiencia en forma cercana siempre me he sentido obsesionado y atraído por estas. De pequeño comencé a leer a maestros del terror como Lovecraft y Poe y otros tantos escritores de este género. Recuerdo que cuando era muy pequeño mi hermano mayor, quien falleció hace algunos años, me leía algunos versos de los poetas malditos.
Isabel había asistido porque lograba desdoblar su alma de su cuerpo, por lo que quería aprender más sobre esto. Llevaba un año aproximadamente haciéndolo e investigando a través de la limitada información que le brindaban las bibliotecas públicas e internet, pero todos los datos eran vagos salvo algunos escritos que hacían resúmenes de entrevistas a quienes realizaban viajes astrales. Uno de estos escritos fue hecho por Monroe basado en sus propias experiencias, el cual tenía en mi biblioteca personal, este fue el motivo por el que Isabel decidió acercarse a mí.
Desde el comienzo se mostró interesada por todo lo que podía aprender de los conocimientos que he adquirido a lo largo de los años como filólogo. Desde hace casi una década que me siento orgulloso de la biblioteca que tengo, fruto de esfuerzos y gastos que muchas veces me dejaron casi en la quiebra económica, pero gracias a la fortuna familiar que recibí y de algunas buenas inversiones en la bolsa he logrado salir adelante y cumplir mis objetivos.
Por esto me hacía sentir importante que una bella joven como ella, con un futuro bastante prometedor se mostrara interesa en compartir su tiempo y además escuchar tan atenta a todo lo que le podía decir.
Ahora me arrepiento de gran parte de aquello, aunque era imposible que supiera al menos con certeza los riesgos que habían y lo que le pasaría a Isabel.
Pasábamos horas estudiando viejos manuscritos tratando de obtener más conocimientos. Pero lo que realmente me encantaba era escuchar sus experiencias sobre sus huidas por parte de su alma de su joven cuerpo y los lugares que recorría durante sus experiencias. De esta forma ella obtuvo otros conocimientos y en ocasiones incluso pequeños objetos que traía de los más diversos lugares. Al despertar los tenía aferrados en sus manos o su cuerpo mostraba las pruebas de estos, granos de arena entre sus dedos, su cabello mojado con agua salada, pequeñas plantas bastante exóticas, entre tantas otras. Estos objetos los guardaba en mi estudio ya que no tenía la confianza suficiente con sus padres para contarles todo esto.
Por mi parte yo guardaba todo y escribía sus relatos. Este tesoro como los manuscritos están escondidos en otro lugar y no daré a conocer estas experiencias ya que muchas personas podrían sentirse atraídas por esto, y no estoy dispuesto a cargar con más peso en mi vieja y atormentada alma.
Dentro de nuestros estudios sobre los viajes astrales había un vacío en todos los relatos, este punto era el de aquellos seres que se encuentran alrededor nuestro y quieren robar los cuerpos de aquellos que separan su alma de estos. Estos extraños seres se encuentran en un dimensión paralela a la nuestra y son el mayor peligro al que se enfrentan aquellos que realizan los viajes, son quienes pueden cortar el nexo que une el cuerpo físico con el alma mientras ésta vaga por otros lugares.
Nunca había logrado comprender el por qué este miedo que es tan real para los viajeros astrales no hubiese sido documentado de forma concreta en alguna entrevista o escrito a lo largo de todos los años, ahora lo comprendo y sufro por este conocimiento.
Antes de Isabel no hubo y espero que no vuelva a haber una persona capaz de controlar de forma tan efectiva el movimiento de su propia alma y cruzar la última barrera. Eso quiere decir que estos seres nunca han podido cortar el nexo cuerpo-alma porque se encuentran más allá de la dimensión alcanzada por los viajeros, pero estos los pueden sentir en sus viajes porque se encuentran más cerca de esta dimensión que nosotros. Isabel cometió un gran error, que fue cruzar esta barrera, aunque gracias a esto ella podía traer objetos materiales con su alma.
Un día, el cual nunca podré olvidar, estaba realizando uno de sus viajes en mi estudio cuando su cuerpo se comenzó a convulsionar. Como comprenderán me asusté porque sus viajes siempre habían sido tranquilos, pero gracias a los conocimientos que tenía sobre la materia logré calmarla y al cabo de unos segundos despertó. Lloraba y su cuerpo no dejaba de temblar, me abrazó y siguió llorando acurrucada a mi lado hasta que volvió a dormirse, esta vez en un sueño normal.
Cuando despertó nuevamente me contó entre sollozos lo que había ocurrido. En el momento en que cruzó la línea en que su alma comenzaba a ser física se encontró con uno de estos entes, al describírmelo no pude menos que sentir un terror realmente indescriptible. Sabía que no mentía y por lo mismo no podía creer que aquella niña que se veía tan frágil hubiese logrado luchar contra aquel demonio y volver. De haber sido yo no hubiese sobrevivido a aquello, tan solo me contó esto y cada vez que lo recuerdo temo por lo que podría pasar si lograran cruzar las dimensiones y llegar a nuestro débil y joven mundo. Gracias a Dios sé que no pueden cruzar las dimensiones, al menos no sin ayuda y no más de uno a la vez, lo cual ya es bastante malo.
Hice que Isabel me prometiera no continuar con los viajes, nuestros experimentos habían llegado muy lejos y debíamos detenernos, ya sabíamos más de lo que muchos siquiera sospechaban. A pesar del sufrimiento de Isabel, pensé de forma egoísta en los documentos que había escrito sobre estas experiencias y por sobre todo la última de ellas, yo podía documentar el encuentro con uno de estos demoníacos seres, cosa que hasta el momento no se ha logrado y espero que no suceda.
Pasó el tiempo y las visitas de Isabel fueron disminuyendo, debido a las transcripciones que realizaba de todo esto no me preocupé de este detalle y asumí que solo eran efectos del terror sufrido. Cuando venía andaba cabizbaja, ya solo nos acompañábamos, nuestras charlas casi no existían.
Llegó el día en que realmente noté por lo que estaba atravesando y lo frágil que era, a pesar de haber ganado con su alma la batalla contra uno de estos seres seguía siendo solo una niña, apenas había cumplido 22 años, menos de la mitad de vida y ya tenía un recuerdo que la torturaría durante el resto de su vida, algo macabro y tenebroso. La cobijé y nuevamente le hice prometer que no volvería a realizar un viaje, me miró a los ojos y lo prometió, luego se acercó y se dejó caer sobre mi abrazándome. Sentí la forma de sus pechos que se dibujaban bajo su blusa y volví a mirarla de forma egoísta, una excitación recorría mi entrepiernas, tomé su rostro con mi mano y lo levanté, sus ojos estaban húmedos y rojos y la besé sin pensarlo, ella devolvió aquel beso. No fui capaz de tocarla a pesar de mi excesivo deseo, me sentía sucio ya que realizaba algo perverso, la quería y me gustaba, la deseaba con todo mi corazón, pero mi razón y mi amor eran por sobre todo mucho mayores, de la misma forma en que yo me había convertido en un padre, ella para mí era casi mi hija.
Así que frené aquella situación a pesar de mi casi adolescente deseo, me miró sorprendida, traté de explicarle por qué había hecho esto pero no me comprendió, sentía su orgullo de mujer herido, sentía que la había rechazado. Después de esto se fue, con una fría despedida.
>Pasaron los días y luego las semanas sin saber algo sobre ella, no respondía su celular y en su casa me indicaban que no estaba o que se sentía mal por lo que no quería hablar con nadie, ni siquiera conmigo. Me sentí pésimo, pero no podía hacer más, por lo que comencé a rondar su casa tratando que no me vieran, la luz de su habitación permanecía prendida pero al llamar negaban que estuviera, comprendí que no quería verme. Me marché con el corazón roto y sin señales de mi amada Isabel.
Durante muchos meses la busqué entre las multitudes, fui a su universidad y ya no estaba, asistía a charlas sin prestarles verdadera atención, solo la buscaba a ella y ella no aparecía, había abandonado aquello que nos unía.
Aproximadamente un año después del último viaje que realizó junto a mí la volví a encontrar, realmente era ella, mi corazón latía muy rápido y me volví a sentir feliz luego de mucho tiempo. Me acerqué a ella y la llamé por su nombre, no pareció que me oyera por lo que me acerqué y toqué su hombro, se volteó y vi sus ojos. En aquel instante supe la verdad, por algún motivo Isabel no cumplió su promesa, volvió a realizar uno de sus viajes y esta vez había perdido la batalla. El brillo de aquellos ojos tenía algo diabólico, no era ella, su alma no se encontraba en ese cuerpo que tantas veces había deseado. Isabel, más bien su cuerpo sonrió, una sonrisa sarcástica que me produjo un horror como nunca había sentido antes. Luego se volteó nuevamente sin decir palabra alguna y se alejó.
Ahora paso cada instante de mi vida recordando los momentos en que estuvimos juntos, pienso en su infortunada alma que debe recorrer quizás cuántas dimensiones sin poder volver a su cuerpo, y pienso en aquel ser que está en el cuerpo de Isabel. Recuerdo la descripción que me dio de él y temo, temo por mí que sé la verdad y temo por la humanidad que no sabe que hay un demonio caminando entre ellos, capaz de cualquier cosa.
A veces, cuando duermo creo sentirla, siento que está cerca de mí y que se recuesta a mi lado. Algún día quizás nos volvamos a encontrar, quizás en ese momento sepa por qué no cumplió su promesa.
Cerca de él se encontraba la mujer de sus sueños. La miraba de reojo como la mayor parte del tiempo, la conocía desde hacía mucho tiempo pero nunca se había atrevido a confesar su amor. Ella por su parte, conocía los sentimientos que provocaba en él, se notaba y a ella también le gustaba, pero nunca habían hablado y realmente ninguno se atrevía a hacerlo.
Así siguió pasando el tiempo, año tras año, sin detenerse en lo que hubiese sido una hermosa relación.
Escribo mi propia historia
Y sólo vivo al paso
Soy el único que se percata de mí
Y todas las voces que escucho
Son los ecos de mi deseo
Impotente enfrento a mi soledad
E impotente le doy la cara
Desintegrado en miles de pedazos
Me arrastro en miles de direcciones
Y no sostengo tu mano lo suficientemente firme
Escapo en falsos sueños
Me he sentado en lugares ocupados
He buscado la gloria de estar contigo
Y sólo encontré la ridícula soledad
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